Más que una crítica puntual

Una evaluación específica puede orientar un cambio: permite identificar qué ocurrió, qué depende de nosotros y qué podemos intentar de otra manera. La autodepreciación, en cambio, usa etiquetas amplias y definitivas que dejan poco espacio para aprender.

También puede expresarse al minimizar logros, atribuir los buenos resultados sólo a la suerte, compararse de manera constante o asumir que otros nos juzgan negativamente.

Cómo se relaciona con la ansiedad

Si una situación se vive como una prueba del propio valor, cualquier error adquiere una importancia enorme. La persona puede anticipar rechazo, ocultar sus necesidades, evitar desafíos o revisar cada decisión buscando no exponerse.

Estas estrategias reducen algunos riesgos inmediatos, pero también dificultan recibir información diferente, reconocer capacidades y desarrollar confianza a partir de la experiencia.

Cambiar el lenguaje cambia la tarea

No es lo mismo decir “soy un fracaso” que “este resultado no fue el que esperaba”. La segunda frase no niega la dificultad; la vuelve específica y permite preguntar qué pasó y qué se necesita ahora.

Puede ser útil observar si aplicamos a nosotros mismos un estándar que no usaríamos con otra persona, reconocer factores del contexto y describir las conductas sin convertirlas en identidades.

Reconocer capacidades sin idealizarse

Una mirada más equilibrada no exige sentirse extraordinario ni repetir afirmaciones que no resultan creíbles. Consiste en incluir la información completa: fortalezas, límites, esfuerzo, apoyos, aprendizajes y circunstancias.

En terapia se puede explorar de dónde provienen estas conclusiones, qué situaciones las activan y qué experiencias permitirían construir una relación más respetuosa y realista con uno mismo.