Al comienzo del proceso
Una mayor regularidad puede facilitar la evaluación, la construcción de una relación de trabajo y el aprendizaje inicial de herramientas. También permite observar más de cerca síntomas intensos o cambios recientes.
La frecuencia debe ser viable. Un plan que no considera horarios, recursos, salud física o responsabilidades de cuidado puede ser difícil de sostener.
Cuando el trabajo avanza
A medida que la persona aplica estrategias con mayor autonomía, puede ser útil espaciar los encuentros para practicar en situaciones reales. Esto no ocurre automáticamente ni sigue una secuencia fija.
Si aparecen nuevas dificultades, aumenta el riesgo o se intensifican los síntomas, la frecuencia puede revisarse y complementarse con otros apoyos.
Continuidad más que rigidez
La asistencia regular y la práctica entre sesiones ayudan a dar continuidad al aprendizaje. Al mismo tiempo, una ausencia o un periodo difícil no deben interpretarse como falta de compromiso sin comprender antes lo que ocurrió.
Hablar abiertamente sobre ritmo, avances y obstáculos permite que la frecuencia siga respondiendo al propósito de la terapia.